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Los bisabuelos Wieser se enamoraron a primera vista de esta cuenca toda verde, sobre S. Cassiano, donde pacían los rebaños (en italiano “armenti”, y de aquí el nombre), cuando los llevaron a caballo por primera vez a la Armentarola.

Supieron mirar lejos y decidir que ése era un lugar estratégico para crear un lugar de acogida, en la encrucijada entre la Alta Badia y Cortina, y efectivamente la Armentarola se ha convertido con el pasar de los años en el punto de encuentro para paseos, excursiones y, para quienes no han resistido a la tradición de hacerse llevar por los caballos, después de haber esquiado en la famosa pista de Lagazuoi en invierno. Se ha convertido también en el punto de referencia de excelencia para los gourmets y bon vivants.